El silencio de los diferentes durante el franquismo.

Ser una persona LGTBIQ+ en la España del siglo XX significó vivir entre el silencio, la persecución y la resistencia. La historia de la diversidad sexual durante el franquismo sigue siendo una de las páginas más duras —y a la vez más silenciadas— de nuestra memoria democrática.

La Segunda República: una breve ventana de libertad

Entre 1931 y 1936, la Segunda República abrió una etapa de esperanza. Fue un tiempo de reformas y libertades en el que la sociedad española comenzó a hablar, por primera vez, de derechos individuales y de emancipación moral frente al peso de la Iglesia y las viejas costumbres.

Aunque la homosexualidad seguía marcada por el estigma social, no existía legislación penal específica que la castigara. En las grandes ciudades empezaban a formarse espacios de sociabilidad, mientras artistas e intelectuales —como Federico García Lorca o Vicente Aleixandre— exploraban una sensibilidad homoerótica en su obra.

No era igualdad ni aceptación, pero sí una tregua histórica para las disidencias sexuales, que pronto sería destruida por el golpe militar de 1936.

El alzamiento del 18 de julio y la cruzada moral

El alzamiento militar de julio de 1936 no solo buscó derrocar al gobierno republicano: pretendía también imponer un nuevo orden moral y patriarcal.
Los sublevados, bajo la bandera del “nacionalcatolicismo”, se presentaban como defensores de la “civilización cristiana” frente al supuesto caos republicano.

En ese ideario, la homosexualidad representaba la degeneración del cuerpo y del alma, un síntoma del “enemigo interior” que debía ser erradicado. Las purgas morales se convirtieron en parte de la represión política: los homosexuales fueron perseguidos, humillados públicamente, encarcelados e incluso fusilados.

El asesinato de Federico García Lorca en Granada es uno de los símbolos más trágicos de esa intolerancia, donde su condición sexual fue un factor más en la brutalidad de su ejecución.

Posguerra: la homosexualidad como delito y enfermedad

Con el triunfo franquista en 1939, España se hundió en un régimen totalitario sustentado por el miedo y el control social. El cuerpo, el deseo y la sexualidad se convirtieron en terreno vigilado por el Estado y la Iglesia.

La represión se institucionalizó a través de dos leyes infames:

  1. Ley de Vagos y Maleantes, reformada en 1954 para incluir a los homosexuales como “peligrosos sociales”.
    • Permitía su internamiento en colonias agrícolas o campos de trabajo.
    • El más conocido fue el de Tefía (Fuerteventura), donde se pretendía “reeducar” a los internados mediante trabajo forzado, disciplina y humillación.
  2. Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (1970), que sustituyó a la anterior, manteniendo la represión bajo un lenguaje médico y pseudocientífico.
    • Los homosexuales eran tratados como “enfermos” o “pervertidos”.
    • Se les imponían penas de hasta cinco años de prisión o internamiento.
    • Existían prisiones específicas, como las de Badajoz, Huelva o la Modelo de Barcelona, donde se les separaba del resto de presos.

Control policial y silencio social

Durante toda la dictadura, el régimen mantuvo fichas policiales de homosexuales en comisarías de todo el país. La llamada brigada de moralidad realizaba redadas en bares, parques o baños públicos, y muchas veces la detención bastaba para arruinar una vida entera: despidos, humillación familiar, ostracismo social.

La Iglesia legitimaba esta persecución desde los púlpitos y las escuelas, reforzando un modelo de familia heteronormativa y patriarcal. La Sección Femenina de Falange enseñaba a las mujeres su papel “natural”: sumisas, madres y guardianas del hogar.
En ese mundo cerrado y vigilado, cualquier diferencia se pagaba con soledad y miedo.

Clandestinidad y resistencia en los últimos años

A finales de los años 60 comenzaron a surgir pequeños grupos clandestinos de personas homosexuales que se organizaban para resistir y reivindicar.
En Barcelona y Madrid se gestaron los primeros movimientos de liberación, conectados con la oposición antifranquista.
En el exilio, en Francia, nació el Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH), que denunció internacionalmente la represión en España.

Cuando Franco murió en 1975, más de 5.000 personas estaban fichadas por su orientación sexual. La transición democrática trajo la derogación de la Ley de Peligrosidad en 1979, pero las heridas tardaron décadas en reconocerse.

La memoria que ya no se calla

La Ley de Memoria Democrática de 2022 ha dado un paso fundamental: reconocer oficialmente a las personas LGTBIQ+ como víctimas del franquismo.
Esta ley anula las sanciones impuestas por su orientación o identidad, y promueve la reparación simbólica de quienes fueron castigados por amar o vivir de forma distinta.

Lugares como el antiguo campo de Tefía se han convertido hoy en espacios de memoria, recordando a quienes fueron castigados por existir.

Porque la historia de la España franquista no se entiende sin recordar también a las miles de personas que vivieron, amaron y resistieron en silencio, y cuya memoria forma parte inseparable de la lucha por la libertad.